El mundo sería aburrido. Habría un conjunto muy limitado de habilidades que podríamos aprender unos de otros. El crecimiento emocional e intelectual se atrofiaría. Si a todos nos gustaron las mismas cosas, ¿quién nos va a exponer a cosas e ideas nuevas y diferentes?
Es uno de mis lemas personales “Gracias a Dios por la variedad, la vida sería muy aburrida si todos fuéramos iguales”.